Una Bicicleta Roja por Georgina Peralta

Una Bicicleta Roja

Escrito por: Georgina Peralta

A veces me pregunto que si en realidad existes. ¿Para donde te fuiste? ¿Me puedes ver escribir esto? Sabes que? Me pusieron ganchos este ano en los dientes, ni hablar puedo. Danny tiene 8 anos y tiene tus ojos.

¿Me has visto tratando de alcanzarte? – es muy chistoso, pero a veces miro to fotografía en tu ultimo pasaporte. Es porque me gusta revisar todos los lugares que as viajado. Cierro los ojos y me imagino que estas sonriendo como siempre lo as echo y ganándote a todos lo que te rodean.

Yo todavía tengo tu monedero. Huele al taxi que manejabas en Brooklyn, cuando vivíamos todos en un apartamento con una habitación. ¿Es justo que necesitaras dos trabajos para mantenernos? No era culpa tuya que no sabias hablar ingles, entonces cuando tomabas siempre te lo perdonaba. Porque al igual que tu, ¡era muy difícil olvidar el aire que antes respirábamos, y esos vecinos saludando con un dímelo! Es muy difícil olvidar el color de nuestra piel. Muy difícil, porque aquí todos se dan cuenta.

Recientemente decidí escribirte un poema,

Que, aunque no lo leas aquí, se que lo leerías desde allá…

Yo entiendo que nunca tuviste un plan de retiro o un seguro de vida,

Pero si me regalaste una bicicleta roja.

Y esta bicicleta roja me dio libertad.

Libertad para vivir en este mundo de hombre,

Libertad para pedalear mas rápido, y explorar muchos lugares.

Desde niña, montaba esta bicicleta pensando en la mujer que quería ser.

Me diste alternativas, decisión, y la posibilidad de soñar.

Yo entiendo que nunca tuviste la posibilidad de hablar el Ingles o tener tierra

Pero si me diste mi bicicleta roja, que me enseño quien soy.

Hacia carreras con los niños del barrio,

y sabes que? Era las mas rápida.

Yo era tu hija y necesitaba que tu estuvieras orgulloso de mi.

Después que montaba bicicleta,

quieres saber de que me acuerdo mas?

Que me cogías entre tus brazos y me decías que yo era especial.

No te importo que no me peine ese día ni que le conteste a Ms. Ana,

Quien nunca dejo de intervenir en problemas ajenos.

Tenia que ponerla en su lugar.

Yo entiendo que cuando llegaste a Nueva York,

esta ciudad hacia mucho ruido- con las sirenas de carro de policías y ambulancias.

Y que los trenes y las caras nunca tenían el destino hacia Quisqueya.

 “ecuseme, do u speaky Spanish,” era todo lo que decías.

Y me acuerdo que justo en ese momento, quise ayudar a los demás como tu- brillar.

 Pero si me compraste la bicicleta roja, porque sabias quien era.

Tu sabia que yo quería participar en un mundo masculino y enseñarle a los demás

Que ser diferente no es crimen.

 Mientras pedaleo y paso por este mundo en que vivimos- el mundo donde la televisión

Te dice quien tienes que ser, donde el cuerpo de loa mujer vale mas que un titulo universitario,

Yo evito ese camino, y pedaleo a la derecha,

Y me entero que vivo en un mundo donde se muere Treyvon Martin,

Continúo pedaleando, pero me encuentro en la avenida donde el presidente odia una cara como la mía y donde los conciertos son practica de balacera para los que necesitan ayuda mental. 

 Yo continúo manejando esta bicicleta roja, y me paro en Libertad Blvd y la Guerrera Avenida.

En este cruce yo mantengo el regalo que me diste para vivir libre y autentica, ser fuerte,

Y valiente para esos como yo y usted para que no se venzan.

Tu me dejaste saber que yo romperé las cadenas del fracaso, y regresaré como la voz de libertad.

Continuo a pedalear.

Y aunque te perdiste el nacimiento de mi hijo, y que pronto me graduó de la universidad, Te perdono por todo eso.

Lo que te estoy tratando de decir es que estoy orgullosa de ser tu hija, que soy parte de un hombre afro-caribeño

Que entendió

Desde pequeña que no quería jugar con muñecas – yo solo necesitaba una bicicleta roja.

 Sinceramente,

Tu Princesa Dominicana.

 

 

 

 


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5 Comentarios

  1. Me gusto mucho porque ella se expresa como se siente al montar la bicicleta roja, que no hay nadie que pueda quitarle esa felicidad de ser libre.

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