TPS… Vaya con Dios

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Helen Dorado Alessi

Comenzamos el 2018 con más incertidumbre que nunca para aquellos que han logrado establecer fuertes raíces en este país. Minuto a minuto, día a día, y mes con mes, uno no sabe qué protecciones serán eliminadas, mientras países de origen afectados siguen cambiando—como pelotas políticas—y el destino de los soñadores de DACA, y de aquellos con estatus temporal (TPS) tras desastres naturales o violencia política, es inestable, incierto y caótico.

¿Cómo balanceamos una precaución realista con incrementar nuestra resiliencia, resistencia y esperanza? Estas son las preguntas que Helen Dorado Alessi enfrenta en su doble papel de consultante y facilitadora de talleres bilingües de Herstory y directora de la Asociación Cívica Latina de Long Beach, cuando ella capta de manera conmovedora un día en la vida de tantos que brindan cuidado y ayuda.

TPS… Vaya con Dios”
Por Helen Dorado Alessi

Debo apresurarme. Voy tarde para la oficina. Me estaciono en la mediana, mi lugar regular. Veo el edificio del Banco de América del otro lado de la calle y ya me imagino subiendo las escaleras corriendo al segundo piso. Primero, necesito pasar al buzón con la esperanza de recibir una carta de Josh, nuestro abogado de inmigración, o un cheque para pagar nuestro trabajo en Puerto Rico. ¡Contra! No tengo suerte. No importa. No es como si vamos a parar. Tomo aire y subo despacito las escaleras, pasando el estudio de yoga y compañía de ambulancias.

Hola, Nelly. ¿Cómo estás?

Bien.

¿Qué está en la agenda de hoy?

Helen, tengo que hablar contigo sobre algo.

¿Qué pasa?

Ví a Angie hoy…

La cara de Angie viene a mi mente: cara redonda, ojos oscuros y profundos, pelo negro largo y lacio, y riéndose. Esta joven siempre está riéndose. Cuando trabajó en la oficina, constantemente tenía que decirle que más bajito y que fuera seria.

¿Sí? ¿Cómo está?

Tiene miedo.

¿Qué paso?

Es una muchachita y sabes que tiene TPS…

Qué terrible que se refieran a uno con etiquetas. Soñador. Indocumentada. Ilegal. TPS. T-P-S, he llegado a odiar esas tres letras del abecedario. Estatus de Protección Temporal. Especialmente odio la T porque el tiempo se acabó.

¿Cómo podemos ayudar a todas las personas bajo amenaza de deportación? ¿Y qué pasa con todos los niños que nacieron aquí de familias que vinieron a causa de emergencia?

Nelly, Angie es sólo una persona, pero sé que su miedo es real. Ahora, ¿cómo le ayudamos a salir a salvo de las sombras?

A salvo… ¿existe tal cosa? Siento mi propia ansiedad subir y yo no estoy bajo amenaza. Angie y todos los niños de familias inmigrantes bajo amenaza de ser deportadas deben ser de un tipo especial de valiente e inteligente. La influencia en sus familias es enorme. Pero, ¡los adultos definitivamente están a cargo!

Voy de no querer espantarlos sobre lo real que es la amenaza ahora, no querer preocuparlos y llenar las vidas de sus hijos con más ansiedad. Pero, debo hacerlo. Son adultos que necesitan tomar control de su destino lo mejor que puedan. Enfrentemos esto juntos, pienso.

Y aún cuando familias y sus niños están dispuestos a contar sus historias, no las pueden reclamar. ¡Es demasiado peligroso! Historias de cómo los engañó un abogado en pensar que tenían el papeleo legal para estar en este país. Historias de cómo no sabían que tenían sólo un año para presentar sus documentos y poder quedarse. Historias de asesinato, encarcelamiento, tortura y desaparición. Historias de niños pensando, Ya verás, Papi, cuando cumpla los 21voy a pedirte a ti, y a Mami, para que nos podamos quedar.

Mi atención se va a la puerta de entrada de la oficina.

¡Hola muchachitos! ¿Cómo están? Sí, sí, los Tres Reyes les dejaron regalos así como le dejaron al niño Jesús hace tantos años en el pesebre.

Estoy viendo a dos hermosas familias. Han venido a pasar un tiempo con nosotros en Long Beach Latino para las fiestas. Están contentos y son tímidos a la vez, niños súper bien educados. Niños que queremos proteger y mantener aquí, aquí en este país.

Se me empiezan a llenar los ojos de lágrimas al sentarme con ellos para ayudarles a tomar la decisión más fabulosa: ¿qué juguete escogerán? Fabián (de seis años), Marco (de cinco) y Mercedes (de tres) son tan dulces y apreciativos. Sus padres les dicen,

¿Qué se dice?

Gracias, Sra. Helen y Nelly.

Y luego, el mayor dice,

Que Dios las bendiga.

Con eso empiezo a sentir alegría y tristeza a la misma vez. Mientras miro a sus mamás les pregunto,

¿Cómo está todo?

Casi en unísono, voltean a otro lado. La mamá de Mercedes dice,

Ahora no. Regreso cuando los niños estén en la escuela.

Nelly y yo sabemos lo que significa esa mirada: tiene miedo, está sin recursos y no sabe qué hacer.

Nelly, ¿cómo logramos que miren la situación de frente fríamente y empiecen a prepararse?

Helen, ¿prepararse para qué?

Para la vida en sus países después de la deportación.

Me siento pensando en cómo será en El Salvador…, Honduras…, Haití… ahorita mismo. ¿Cuáles son los peligros, las posibilidades, las realidades?

No importa –le digo a Nelly –debemos transformar este momento de temor en amor y esperanza para nuestras familias y para Angie, Marcos, Mercedes y Fabián.

Traducción de Silvia Heredia


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