El Amor De Una Madre

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Francis Madi

¿Cómo pueden las familias consolar a sus propios miembros, cuando hay tanto dolor y crueldad alrededor de ellos? ¿Qué pasa con aquellos que han alcanzado una libertad temporal al extender sus corazones y manos a aquellos que no la tienen? Francis Madi, organizadora comunitaria y defensora de los derechos de los inmigrantes nos comparte parte de una pieza mas extensa en la cual ella regresa a su madre después de haber tenido una experiencia desgarradora como voluntaria en un centro de detención. Francis trabaja para la Coalición de Inmigrantes de Nueva York y esta siendo entrenada como facilitadora de Herstory. Ella estará trabajando con recipientes de DACA en Long Island para ensenarles a escribir sus historias personales.

El Amor De Una Madre
Por Francis Madi

Fue solo cuando volví de Texas y llegué a casa que finalmente respiré. Durante todo el tiempo que estuve allá, sentí como si hubiera estado bajo agua, un lugar que no era mi elemento, y tenía que contener mi respiración.

No me di cuenta hasta que llegué y mi mamá me preguntó cómo me había ido. O tal vez, asumí que lo hizo porque todo lo que necesitaba en ese momento era volver a sentirme segura, suficientemente como para poder hablar sobre mi experiencia como voluntaria legal en el Centro de Detención Familiar del Sur de Texas y el Centro de Detención del Condado de Karnes.

Traté de buscar un lugar en mi cabeza donde pudiera comenzar a contarle a mi madre mi experiencia. ¿Dónde podría comenzar? ¿Con las razones que empujan a las personas a buscar asilo en los EE. UU.? asesinatos, violencia doméstica, desmembramientos, abuso sexual? ¿El viaje real que hicieron para cruzar la frontera? el momento en que llegaron a los Estados Unidos y fueron detenidas? ¿O el momento en que la patrulla fronteriza dejó a estas madres y sus hijos con hambre, privándoles de llamadas, acceso al baño, privándolos de su humanidad?

“Fue horrible mamá, fue horrible. Escuché docenas y docenas de historias, tanto dolor, trauma y sufrimiento.“ Eran muchas las historias que se me cruzaban en la cabeza, pero una en particular sobresalía porque reconocí a mi propia madre en ella:

Rosa. Ella era de El Salvador, madre y abuela, agarró a su hija y su nieto y algunas cosas personales y se fue al norte. Era dueña de un negocio, un restaurante, que entre otras comidas, vendía pupusas. Era muy conocida en la ciudad por hacer las pupusas más deliciosas. Ella y su esposo trabajaron duro, ahorraron dinero durante muchos años para poder pagar su pequeña tienda y lograr que sus hijos se graduaran. Ella vivió cómo su propia ciudad, su tienda, y su vida estaban siendo tomadas por fuerzas que estaban fuera de su control. Primero, fueron las sumas de dinero que tuvo que colectar cada final de mes. Luego, fueron los asesinatos que tuvo que presenciar frente a su tienda, de personas que estaban en el lugar y el momento equivocado. Muchas veces ella los presencio con sus nietos también. Finalmente, llegaron las amenazas personales:

–“Si no nos paga esta suma antes de fin de mes, mataremos a su hija, mataremos a su esposo”
–“Pero no tengo ese dinero, apenas puedo pagar el alquiler de mi tienda y alimentar a mi familia”
–“No me importa” decían, “y si metes a la policía te mataremos a ti y a todos tus seres queridos”.

No tenía otra opción, tenía que irse, se estaba arriesgando o se quedaba a esperar que su propio funeral llegara, se llevó a una de sus hijas y a uno de sus nietos, y escapó durante una noche hacia lo desconocido, dejando atrás a su esposo, el resto de sus hijos y a todo lo que había llamado hogar, todo lo que ella había amado alguna vez.

Pienso en Rosa a menudo. Pienso en mi madre, en todas las madres migrantes que arriesgaron lo inimaginable para cruzar fronteras y crear un nuevo futuro para sus familias. Había absorbido tanto que ya no pude aguantar ya las ganas de llorar. Sollocé mientras seguía contándo la historia de Rosa a mi madre, y ella lloraba conmigo mientras me abrazaba. Eso es todo lo que necesité en ese momento, estar junto a ella y recordar que a pesar de la oscuridad que había experimentado, ella todavía era mi luz, ella era mis pulmones y podía respirar nuevamente.


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2 Comentarios

  1. As the child of immigrants who has lived the American Dream, I will, through my connections with the NYCLU, work for immigrants’ rights!

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