La luz con la respuesta

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Painting/"The Light With The Answer"/Gwynne Duncan

Para iniciar el Año Nuevo, presentamos nuevamente a la escritora que contribuyó “Bienvenido a casa primo” a nuestra serie de noviembre, quien ahora le pregunta a la Santa Virgen que la ayude a tomar una decisión demasiada grande para su joven corazón. Aquí, ella se arrodilla por todos los inmigrantes y soñadores, y por todos los jóvenes cuyos padres enfrentan peligro con los cambios de su estatus de protección temporal, mientras imposibles decisiones y cambios crecen con cada día. La presentamos de nuevo con la esperanza de que pueda reclamar ambas historias, con seguridad para su familia, bajo su propio nombre.

La luz con la respuesta

Sólo quería saber si Dios aún me escuchaba. Esta pequeña llama en frente de mí, toda prendida y alborotada, refleja mi ser interior. Está tan inquieta como yo. Esta pequeña llama enojada que se refleja en mis ojos. Como si el diablo mismo estuviera riéndose de mí, apuntándome, en esta santa iglesia católica.

Estoy a dos filas de Jesús. Mis rodillas se aferran a la misma banca sobre la cual rezo.

Dios, por favor deje que mis padres regresen seguros, por favor, déjenos llegar y regresar sin problema.

Me arrodillo por todos los inmigrantes. Me arrodillo por los soñadores que probablemente estaban confundidos cuando cruzaron el desierto. Por los bebés inocentes que probablemente inyectaron con medicamento para dormir porque un grupo entero no debe ser capturado a causa del llanto de un niño. Por las víctimas de violencia, que dejaron sus países de origen porque sus frentes predijeron las balas que les quitaría la vida. Por mis padres, que necesitan ir a El Salvador porque necesitan una entrada legal a los Estados Unidos.

Dios, escuche, nuestro abogado dijo que necesitan una entrada legal, solamente una. Déme una señal que podemos ir y regresar bien. Sólo una, es lo que necesito de usted. Olvídese de todo lo que le he pedido, sólo quiero que mis padres puedan quedarse. Si no hacemos esto, entonces necesitan esperar sus papeles un año en El Salvador. Dios, ¿aún me está escuchando?

La llama en frente de mí empieza a moverse erráticamente de lado a lado, tintineando como luces de sirena. Está rebotando como una niña ansiosa por dar sus primeros pasos. Sus amarillos y rojos resplandecen en mis ojos, tan brillantes como si su luz hubiese sido creada sólo para cegarme. La llama me está grite y grite instrucciones. Instrucciones que no puedo descifrar.

Dios, ¿qué es lo que me está diciendo?– pregunto –¿Es que no debemos ir, Dios? ¿Es eso lo que me está diciendo?

Mis rodillas me duelen. ¿Qué sacrificio estoy hacienda si Dios ya no me escucha más? ¿Qué he hecho para que Dios me deje en la obscuridad? Él esta supuesto a guiarme con su luz. Pero la única luz que veo me está gritando. Siento que arrebatan el corazón de mi pecho. Mis lágrimas se han acumulado para rodar por mi cara en este momento preciso.

¿Por qué es que no me escucha, Dios? ¿Lo he decepcionado?– pregunto.

Miro la pareja a mi lado. Me pregunto si su dolor es más grande que el mío. Me duele mi corazón. Pensar que mis padres serían arrebatados de mi lado por un año clava mi ser. Me desgarra la piel, desangrándome poco a poco.

Son todo lo que tengo en esta tierra, Dios. ¿Por qué no me contesta?– grito.

Miro las paredes blancas a mi alrededor. En cada vitral, Jesús lleva puesta su corona de espinas. Sangre escurre por su frente. Se ha caído de la cruz. Me pregunto si yo estoy viviendo una imagen de Él. ¿Estoy obligada a cargar este peso, el peso de decidir si nos vamos de Estados Unidos ó nos quedamos? El abogado dijo, “Vayan”. ¿Por qué estoy vacilando? ¿Por qué es que se espera que los hijos de primera generación tomen todas las decisiones difíciles? ¿Por qué es que la decisión de dejar este país por una semana queda en mis manos?

Tengo a mis padres corriendo de un lado a otro, en busca de una respuesta. Llamamos un abogado una semana. Manejamos millas para encontrarnos con otro abogado la siguiente semana. Nos despertamos temprano para reunirnos con otro abogado. Llegamos tarde a casa tras reunirnos con otro abogado más. ¿Por qué debo de consultar abogados antes de consultarlo a Usted, Dios mío? Estoy cansada. Mis padres están cansados.

¿Por qué he dudado en venir a su casa, Dios mío?– pregunto.

Continúo arrodillada en esta iglesia vacía. Esta iglesia blanca vacía llena de figuras religiosas, Jesucristo, el niño Jesús, la Virgen María. Tanto espíritu que me rodea, y sin embargo no siento que alguno me toque. Los únicos seres físicos somos la pareja y yo. Oigo un murmullo. Pero la pareja está demasiado lejos para entender lo que dice. Mientras pierdo interés en tratar de entender su dolor, mi visión comienza a empañarse.

Ya no puedo ver la llama de la vela, sólo puntos amarillos y rojos, Mis ojos están borrosos. Me falta el aire, no puedo ver más la llama, pero sé que los rojos y amarillos están quietos. Perfectamente quietos. Sólo un ligero sacudir de izquierda a derecha aquí y allí. Como una ola calmada. Mis ojos empiezan a llorar conforme Dios empaña mi visión.

¿Por qué me protege, Dios? ¿Por qué no me deja ver su luz?– pregunto.

Mis pulmones comienzan a expandirse, permitiéndome respirar. Una gran inhalación y de repente me puedo poner de pie nuevamente. Mis ojos están secos. Decido salir de mi santa iglesia blanca, llena de vitrales coloridos. Decido dejar las butacas cafés que apoyaron mis rodillas mientras me sentía caer por la tierra. Paso el agua bendita que usa el sacerdote para bautizar a los bebés. Me alejo sin una respuesta.

Espera, me digo a mi misma. No puedo no despedirme de la Virgen María.

Hola, Virgencita. No estoy bien– le digo a mi Madre al entrar a su cuarto dedicado.

Entro a su cuarto. Tiene muchas velas. Velas para iluminar a nuestra Madre. Velas para levantar su espíritu después de que los romanos mataron a su único hijo. Me arrodillo en frente de ella. Al arrodillarme, ella brilla. El foco de luz sobre su cabeza se prende e ilumina su cuerpo entero.

Gracias, Diosito y Virgencita, nos vamos a El Salvador– digo.

Me voy de la iglesia con una respuesta.


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1 Comentario

  1. I love this story of spirituality, hope, doubt and courage. So many young people are experiencing the heavy responsibility of their parents safety with grace and determination. Thank you to the author for her beautiful words and story honoring the love for her parents!

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