Por decisión del destino

Por decisión del destino

Todo empezó una noche como cualquier otra. Yo estaba afuera de la casa observando las estrellas y escudriñando lo hermoso del universo cuando, de pronto, escuché sonar el teléfono. No me extrañé porque mi papá acostumbraba hablar todas las noches, pero esa noche y esa llamada quedarían marcadas en mi vida. Cuando el teléfono de mi mamá sonó, sentí una sensación muy extraña dentro de mí.

Mi mamá contestó como de costumbre. Mi papá quería conversar primeramente conmigo y eso me extrañó porque él siempre hablaba con mi mamá primero y luego conmigo. Cuando le contesté me hizo una pregunta que marcarían mi vida y mi futuro por completo. Esa pregunta fue: ¿Quieres viajar a los Estados Unidos?

Al inicio que iba a contestar la pregunta me sentía emocionada, pero luego me sentía súper mal porque estaba tomando una decisión: podría tener un mejor futuro o morir en el intento de obtenerlo. Y pensé en todas las cosas: dejar el lugar donde crecí, dejar las personas con las cuales había convivido por mucho tiempo, y lo más importante, dejar a mi apreciada madre y a mi hermanito menor.

En esos momentos mi corazón se desgarraba y no pensaba con claridad. Al final le respondí a mi papá que sí. Mi corazón estaba como un vidrio frágil que cualquier palabra que mi madre dijera, como “No te vayas”, no lo hubiera hecho. Pero las palabras que mi madre me dijo una noche antes de partir mi viaje no las olvidaré. Estábamos acostadas en una hamaca conversando y ella dándome consejos sabios,

—Hija, si usted se va para los Estados Unidos es para un mejor futuro y que se supere, no para empeorar. Y no crea que yo la obligo a irse, créame que se me parte el corazón en dos al saber que usted se va de mi lado, pero la decisión la toma usted, no yo. Usted decide si irse o no. Pero de mi parte, yo la apoyo en su decisión.

Esas palabras me marcaron.

Emprendí mi viaje se llegó la madrugada. Llegaron por mí y me despedí de mi mamá y mi hermano. Lloré tanto que me desahogué y me sentía súper mal. Mi corazón estaba hecho pedazos. Sabía y tenía las esperanzas de volverlos a ver.

Era el momento de comenzar mi viaje. Cuando iba en camino no me dejaron tener celular para comunicarme, sino que la persona encargada de mí se comunicaría con mi papá.

Salí de mi hermoso país. Dejaba todo lo que para mí era conocido y me dirigía a un lugar desconocido, personas desconocidas, cultura desconocida. Mi vida la puse en las manos de Dios, esperando que fuera Él quien cuidara de mi camino. Cuando salí de El Salvador y ya estaba en Guatemala, crucé el río que divide Guatemala y México. Estaba en México y sin comunicarme aún.

Pasó el tiempo hasta que llegué a los 15 días incomunicada con mi madre y mi padre. Eso me imaginaba que era algo horrible para mi mamá porque ella pensaría, ¿Qué pasaría conmigo? ¿Dónde me encontraba? ¿Si estaría bien? ¿Con vida? Sabía que eso estaba destrozando a mi madre, porque el amor de una madre hacia un hijo es muy grande.

Bueno, llegué a mi destino. No me quejo de lo que pasé en el camino porque sabía que Dios me cuidaba y no me dejó sufrir tanto. Por eso le doy gracias a Dios. Ahora me encuentro en los Estados Unidos con bien, esforzándome para un mejor futuro, porque si pasé lo que pasé y sufrí no va a ser para tirar todo ese esfuerzo a la basura, sino para que mi madre y mi padre y familia se sientan orgullosos de mí y para mejorar mi vida.

Me encuentro acá luchando por un mejor futuro. No todo en la vida es color de rosa. Tienes que actuar no solo soñar, porque si no actúas y no te esfuerzas, los sueños no se volverán realidad así de la nada.

Me entristece mucho al saber que en momentos especiales como Navidad, que es para compartir en familia, no estemos todos juntos. Otra época que me entristece es cuando llega el día de mi cumpleaños y mi madre no está, ni mi hermano. Es muy duro. Pero eso es lo que me da fuerzas para poder seguir adelante, saber que mi esfuerzo valdrá la pena y que gracias a ello volveré a ver a mi madre algún día, y a mi hermanito.

Mi madre es una inspiración muy grande para mí. Es una bendición en mi vida porque si caigo me volveré a levantar con las fuerzas de Dios, primeramente, y después por mi familia que es mi fuerza para poder seguir adelante.

Estas lágrimas que lloro en este presente las lloro con orgullo porque sé que en el futuro estas lágrimas se convertirán en alegría y mucha felicidad y prosperidad.


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