Tengo que seguir mi camino volviendo un poco al pasado

(Painting/"I Have To Continue My Journey Going Back In Time"/Gwynne Duncan)

Tengo que seguir mi camino
volviendo un poco al pasado

Era un día como cualquiera. Venía de mis estudios, eran las cuatro de la tarde. Acostumbraba a comer cuando llegaba a casa, veía tele y hablaba con mi madre. Ella en esa ocasión me dijo que mi hermana había hablado con ella preguntando que si yo me quería ir para los Estados Unidos. Sinceramente yo me alegré mucho, pero cuando me acostaba en la cama me ponía mucho a pensar en todo lo que dejaría.

Yo platicaba con mis amigos sobre eso. Uno de ellos me dijo que yo era un gran amigo para él y que no creía que los iba a dejar. Yo le dije a él que esa decisión para mí era muy complicada. Otro de ellos me dio ánimo pero yo pensaba mucho en lo que dejaría: mi hogar y las personas que me vieron crecer.

Pasaron los días y mi mamá me preguntó una semana antes de salir de mi país, El Salvador, lo que yo había pensado. Ella dijo que el viaje lo tendría el 16 de abril.

Esos días antes del viaje fueron duros para mí. No sabía qué decir. Hablé con mi madre. Le dije:

—Mamá, me iré, pero no quiero dejarla. Usted es muy especial en mi vida, dejar a la mujer que me dio la vida, la que me llevó en su vientre nueve meses, y que nunca le importó como se veía.

Duele mucho dejar a la persona que en verdad te ama hasta la muerte.

El día antes de viajar, mi mamá, como es la mejor, me hizo una comida que estuvo muy deliciosa: pollo, ensalada y arroz. Me hacía sentir bien ver a mi familia feliz ese día que comimos juntos.

Al siguiente día era el día que tenía que separarme de ella. Pero la vida es así, de llorar y reír.

Fue un día muy duro cuando me despedí de mis familiares. Entre lágrimas en los ojos le dije a mi madre cuánto la apreciaba. Ella, llorando se despidió de mí, dándome un beso en la frente. Me sentía triste dejando lo importante de mi vida atrás, pero lo que yo decidí fue para una vida mejor.

Llegó el señor que iría por mí a casa. Con mucho dolor y muchas lágrimas, nos despedimos.

En el camino me la pasé muy triste. Conmigo iba un compañero que iba triste igual que yo. Nos llevaron a un lugar llamado San Miguel, donde nos reunimos diez personas. Todos estaban muy tristes. Dos de ellos dejaban a sus hijos. Otras personas, como yo, dejábamos a nuestros padres.

Una hora después, desayunamos para poder viajar. Buscamos el bus donde viajaríamos para la ciudad de San Salvador. Fue un viaje de diez horas. Cuando llegamos nos reuniríamos con la esposa del señor que nos traía.

Formamos dos grupos. Nos reuniríamos en la frontera de El Salvador con Guatemala. Hicimos un viaje de unas ocho horas. Llegamos muy noche. Nos quedamos en un hotel para poder viajar al siguiente día en la mañana.

Un señor que venía conmigo me prestó el celular para poder hablar con mi madre. Me dio gusto escuchar su linda voz. Ella habló conmigo llorando, que si quería que me regresara. Pero no, todo era para un buen futuro, que tengo hoy en día. Le dije que tenía que seguir mi camino.

Llegó la hora de dormir. Me hacía mucha falta escuchar la voz de mi madre, ver a los animales. Me hacía falta escucharla hablar.

2:00 a.m. Me levanté a bañarme y ponerme nueva ropa. Pensé mucho en regresar a mi casa ó poder seguir. Tomé la decisión de poder viajar.

—¿Están listos? —dijo el que nos traía.

—Sí —respondimos todos.

Nos metieron en una camioneta donde íbamos bien incómodos. Teníamos poco espacio para poder movernos. Nos detuvieron unos policías. El señor que nos traía se bajó del carro para poder arreglar las cosas. Yo logré ver que le dio dinero.

Llegamos a una estación donde íbamos a esperar a otro carro para que nos pudiera llevar a un lugar que se llama Chiquimula.

Así comenzó este viaje muy largo.


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