Cuando el corazón y la mente no están de acuerdo

(Painting/"When the Heart and Mind Don't Agree"/Gwynne Duncan)

Con la llegada del Día del Padre, nos unimos a los niños inmigrantes que están separados de sus padres por leyes severas de nuestro país. La historia de hoy, primero publicada en Pasos valientes y presentada en este sitio de internet en abril del 2018, lo dice todo. Escrita por una joven de Central Islip High School, la historia es un llamado a todos los niños cuyas familias y cuyos corazones han sido destrozados, y un testamento de la fuerza del espíritu humano. Le pedimos a usted, nuestro visitante de la red, que agregue sus comentarios a esta historia, y que use todos sus medios sociales a su disposición en este día de celebración para asegurar que no se pierda el mensaje de la escritora.

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Cuando el corazón y la mente no están de acuerdo

Mientras jugaba con mis amigos afuera de la casa de mi abuela, llegó mi tía donde yo estaba.

—Es tu mamá —me dijo mientras me daba el celular.

En cámara lenta escuché cuando mi mamá me dijo que en dos días tenía que viajar a los Estados Unidos. Me quedé atónita ante tal noticia. No sabía qué decir o qué pensar. Solo me quedé parada con la mente en blanco.

—Díle a tu papá —me dijo mi madre.

Cuando terminé de hablar con ella vinieron a mi mente miles de pensamientos. Trataba de separar mis emociones pero era imposible. Estaba muy ilusionada con el hecho de que volvería a ver a la mujer que me vio nacer, mi madre, ya que no la miraba desde que yo tenía tres años.

No era una decisión la que tenía que tomar, ya que semanas atrás habían pasado muchos problemas con la delincuencia que poco a poco crecía más. Trataba de convencerme a mí misma de que todo estaría bien, pero por más que lo trataba mi corazón no lo podía aceptar. Tenía que decirle “adiós” a todo lo que componía mi mundo entero.

¿Cómo dejar a la persona más importante de un día a otro? Mi papá, quien me cuido por más de 14 años, ya no era solo mi papá, ahora era también mi madre, mi amigo. Se convirtió en lo más importante de mi vida y no quería dejarlo solo. Pero no tenía opción.

El día de partir llegó muy rápido. Llegamos al hotel mi papá, yo, y mi hermano menor, quien era mi acompañante en este viaje. Los dos estábamos destrozados por dentro. No queríamos dejar nuestro país ni mucho menos a muestro papá. Cuando ya era la hora de que mi papá se fuera y nos dejara ahí, pude ver su cara de tristeza.

—Cuídense mucho —nos dijo mientras nos abrazaba.

Él salió del cuarto y traté de distraerme con la televisión, pero no podía dejar de pensar en todo lo que estaba dejando en mi país.

Hay una frase que dice, “Puedes arrancar a un hombre de su país, pero no puedes arrancar el país del corazón del hombre”. Eso es lo que hoy me pasa a mí junto a miles de inmigrantes que dejan su país por buscar una mejor vida.

Así fue mi historia de cómo le tuve que decir “adiós” a grandes partes de mi vida. El día en que salí de mi país me di cuenta de que tenemos el alma hecha de vidrio—mientras miraba las calles de mi país por última vez, ahí pude escuchar cómo dentro de mí se partían en pedacitos mi alma y corazón.

 


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