El río en medio

(Painting/"The River In Between"/Gwynne Duncan)

Conforme las condiciones para los niños inmigrantes alcanzan niveles inmencionables, una estudiante de honores de Central Islip High School recuerda lo que fue tener ocho años y tratar de reunirse con su madre. Mientras su corazón está con los niños de hoy, enfrentando condiciones mucho peores de lo que ella padeció, debemos de unirnos a ella en despertar a corazones dormidos y escuchar sus palabras.

El río en medio

Miro a mi alrededor mientras estoy acostada en esta tierra. Es diferente. Ellos son diferentes ahora, o por lo menos lo tendrán que ser. Pronto todos tendremos que aprender un lenguaje diferente y vestirnos de maneras diferentes para “ser parte” de una nueva cultura. Sin embargo, nunca olvidaremos de dónde venimos porque lo llevamos en la sangre, aunque nuestros pies estén dejando nuestros hogares atrás.

Miro arriba hacia los árboles mientras trato de cubrir cada parte de mi cuerpo para que no me toquen los animales. Nuestros corazones están latiendo en sincronización con las estrellas sobre nosotros. Los árboles son nuestros guardias aquí, junto al río que acabamos de cruzar. Gente a mi alrededor chistea sobre lo maravilloso que sería si nuestro coyote nos trajera café con pan en la mañana, pero quedarán decepcionados. Recuerdo que en casa mi alarma para despertar era el olor de café y pan. Mi almuerzo y cena lo componían tortillas con sal y aunque ya me habían hartado no me parecen tan mal mientras estoy tirada aquí con más hambre que nunca.

No teníamos planeando dormir aquí, aislados y aún expuestos a tantos peligros, donde nuestras camas son de piedras y palitos. Tuvimos que cruzar un pantano, brincar una cerca, y arrastrarnos por debajo de alambres simplemente para retroceder en nuestros pasos y regresar. Nuestro coyote permaneció atrás en el camino polvoso sobre el que acabábamos de correr, sacudiéndose nuestros pasos; y esperamos ansiosamente hasta que él regresara. Él es nuestro guía y nuestra esperanza para llevarnos al camino correcto.

Tengo ocho años, durmiendo junto a extraños. Parte de mi familia está en El Salvador y la otra está en EE.UU. Fue valiente de mi parte venir, lo reconozco, pero fue mucho más valiente de mi mamá tener a la niña de sus ojos expuesta a tales circunstancias. Le doy las gracias por ser tan valiente y por haberme dejado ir en esta jornada. Su corazón fue fuerte.

Eso fue hace ocho años, las cosas han cambiado. Mi corazón está con las madres que toman el riesgo de dejar a sus hijos venir por un camino tan difícil. Mi corazón también está con aquellas pequeñas almas inocentes que son tratadas como criminales simplemente porque este país rehúsa reconocerlos como seres humanos. Los mantienen en cuartos fríos y aislados y les dan cajas de cartón para taparse mientras se acuestan en el piso para descansar sus cuerpos cansados. Cuando duermen es el único momento que descansan de esta dura realidad porque los sueños que buscan ahora son pesadillas vivientes.

¿Cuándo fue que América, el país que prometió el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad dio un paso atrás y pensó que estaba bien que niños pequeños se representen a sí mismos en la corte? Son lo suficientemente grandes para saber canciones infantiles y tienen aún que aprender a colorear dentro de las líneas de sus garabatos.

– Tradución por Silvia P. Heredia


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