Ahora es nuestro tiempo

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(Painting/"Now Is Our Turn"/Gwynne Duncan)

Dedicamos esta historia de una estudiante de Long Beach High School a toda persona joven que ha encontrado una conexión con un miembro familiar, biológico o elegido, y enfrenta una pérdida irracional de estas conexiones, mientras gritamos con la joven autora en contra del desmantelamiento de nuestros más básicos deseos y necesidades.

Ahora es nuestro tiempo

El día que mi mamá me dijo que tenía novio, estaba muy renuente y preocupada por conocerlo. Le tenía miedo a la idea de un nuevo hombre entrando a nuestras vidas. Mis dudas rápido de esclarecieron porque cuando él se convirtió en parte de mi familia se sintió natural. Él era cariñoso y era claro que quería tener una vida contenta con nosotras como familia. Él nos proveía, no de manera financiera sino emocionalmente.

A lo largo de todas las luchas que enfrenté con mi padre biológico, él estaba ahí como un hombro sobre el cual llorar. Él fue quien me echó porras y me apoyó a través de mis logros. Él le presumía a la gente que conocía lo inteligente que soy y todo lo que hacía. Él estaba orgulloso de mí. Él y yo teníamos una buena relación. Lo conocía mejor a él que al hombre que me trajo al mundo. Ya había perdido a mi padre biológico al alcoholismo y a la rabia incontrolable, y sentía como si mi alma se destrozaría si perdiera a mi padrastro también.

Él trabajó todos los días para darle a su familia la buena vida que él no tuvo. Su crianza en Honduras fue extremadamente difícil. Honduras estaba en pobreza extrema y dirigida por políticos corruptos que se preocupaban más por dinero y poder que por su gente. Las calles de Honduras estaban siendo corridas por gangas despiadadas que mataban a quienes se opusieran a ellos, y esto sólo se ha puesto peor.

Mi padrastro vivió en la pobreza hasta que su familia pudo traerlo a Estados Unidos. Su tiempo en Estados Unidos lo pasó trabajando sin parar para proveer para sí mismo y su familia. Cuando eventualmente se hizo parte de nuestra familia, le daba gracias a Dios todas las noches por finalmente darnos a alguien que podía querer y cuidar no solo de mí, sino también de mi madre.

Siempre nos preocupó que algún día él fuera detenido, pero no pensamos que ocurriría de verdad.

***

La noche en la que Donald Trump fue nombrado Presidente de los Estados Unidos, me dormí llorando y con miedo de lo que podría sucederle a mi familia. Me quedé despierta para ver los resultados hasta que ya no podía mantener mis ojos abiertos. Miré cómo estados cambiaron de azul a rojo y de regreso otra vez toda la noche. Hubo un momento en que Tejas era un estado azul… ¿cómo era esto posible? De todos los lugares de este país que se esperaría ser azul, aunque por tan solo un momento, Tejas no era uno de ellos. Al final me quedé dormida antes de poder ver los resultados.

Desperté y me enteré de la peor noticia que puede haber escuchado en ese momento: él ganó. Donald Trump se había llevado la elección y era ahora el Presidente de los Estados Unidos. El racista que trajo odio a las vidas de tantas minorías y sus familias era ahora el hombre más poderoso de América.

Siempre sabíamos que había una posibilidad que nuestra familia sería afectada por una mano dura con la inmigración, pero no era algo que discutíamos. Los resultados de la elección hicieron este tema algo que no podíamos evitar. Cada día veíamos más y más historias de familias siendo separadas, y la peor parte es que no nos dimos cuenta que, eventualmente, esos seríamos nosotros.

***

Mi padrastro fue arrestado por ICE el 19 de enero de 2018. Yo estaba sentada en mi recámara cuando escuché a mi mamá llorando en el teléfono. Fui a su cuarto para ver que estaba mal. Me dijo que mi tía le acababa de llamar para decirle que ICE había arrestado a mi padrastro cuando estaba en el trabajo. Mi corazón de repente se desplomó, no tenía idea de cómo reaccionar.

No pudimos comunicarnos con él por 48 horas. No sabíamos por qué esto había sucedido. Cuando ves estas historias en la televisión simpatizas, pero cuando te está sucediendo a ti es diferente. Cuando por fin pudimos encontrar a mi padrastro, descubrimos que estaba en un centro de detención en Nueva Jersey. ¡Se lo llevaron de Hempstead, Nueva York! No estoy segura por qué se lo llevaron tan lejos, pero esa era la menor de nuestras preocupaciones. Mi madre y abuela pasaron semanas reuniéndose con abogados para encontrar uno que pudieran pagar y que de verdad nos ayudara.

Cuando ya encontramos uno, lo único que podíamos hacer era esperar. La primera de tres citas en la corte era en febrero, más de un mes después de su arresto. Yo estaba en la escuela y apenas podía concentrarme porque estaba esperando saber de mi mamá lo que había pasado con mi padrastro.

La cita con la corte se cambió para Mayo. Teníamos que esperar tres meses mas para saber que pasaría con mi padrastro. Mientras estaba en el centro de detención hablamos con él cuando podíamos, porque los precios de teléfono eran altos. Regularmente, mi mamá gastaba $50 a la semana para que él pudiera llamarnos—eso no incluía el dinero que le daba para el economato.

Nos contó sus experiencias a lo largo de los meses que esperamos ver qué pasaría con él. Nos contó que a las personas en las celdas no se les permitían cobijas, una regla establecida por los guardias. Su compañero de celda se iba, así que le dio a mi padrastro su cobija. Cuando el guardia vio esto, se la quitó. ¿Puedes creer esto? No podía tener una simple cobija para acobijarse. La llamo cobija por decirle así, ya que está tan delgada como una hoja de papel.

Mi papa tenía cabello largo y bonito hasta que se le empezó a caer cuando estaba en la cárcel. Me explicó que como no había tanto jabón, su cabello empezó a caérsele en montones y como resultado tuvo que rasurarse la cabeza. También nos contó de la comida de la cafetería, como era tan asquerosa que hasta ni los animales se la comían. ¿Cómo puede nuestro gobierno tener más restricciones sobre cómo se tratan a los animales que la que tienen sobre cómo prisioneros pueden ser tratados en centros de detención?

Nos contó sobre todas estas cuestiones y lo único que pudimos hacer fue llorar y esperar por lo mejor. Eventualmente, Mayo llegó y su cita con la corte estaba aquí. Nuevamente, esperé impacientemente en la escuela para saber los resultados y, ¿saben que…? La cita con la corte se cambió otra vez. Esta vez la cambiaron para Junio.

Mientras esperamos lo que se sentía ser el mes más lento y agonizante de mi vida, el abogado nos pidió que escribiéramos cartas para el juez. Nuestro abogado nos dijo que teníamos un juez severo, el tipo que piensa que todos los inmigrantes son estúpidos y buenos para nada.

Escuchamos esta información y supimos que teníamos que demostrarle su error. Mi consejera de escuela escribió una carta resaltando mis logros y mi promedio de 4.0. ¿No es increíble el hecho que tengamos que comprobar que mi papá es “digno” de quedarse aquí?

Después de escribir varias cartas y de recibir cartas de sus amigos y familia, la cita final en la corte había llegado. Mi madre habló sobre mi padre, explicando lo trabajador que es, el buen corazón que tiene. El juez finalmente dejó a mi papá salir bajo fianza porque corría un alto riesgo de muerte en su país natal de Honduras.

Esta noticia nos brindó tanta felicidad que jamás podre describir. Estaba yo aterrada de perder mi figura paternal simplemente porque él quiso escapar la violencia en Honduras. El quería una vida mejor y ahora tiene una oportunidad para tenerla. Pero no todos son tan afortunados como mu papá. ¿Cómo es que un sistema como este—que castiga a personas buscando una vida más segura—es la manera aceptable de cómo manejar las cosas? ¡Necesitamos cambio!

***

Donald Trump no es la primera persona racista y perjudicial que hemos tenido como presidente, es el número 45. Este país y sus líderes sólo alimentan el prejuicio y debe haber una manera de cambiar esto. Cada uno de los líderes estadounidenses sólo ha hecho esta estructura dañina más fuerte, y ya es tiempo de que nosotros, como pueblo, nos levantemos para crear un mundo que no sea gobernado por dinero o avaricia.

Niños y jóvenes, somos el fututo. Nuestro tiempo para empezar a luchar es ahora, y no podemos parar hasta que alcancemos nuestra meta. Nuestra meta es cambio. Nuestra meta es igualdad y felicidad para todos. Toda boca debe ser alimentada. Todo cuerpo deber ser arropado. Todo hogar debe estar lleno y cada persona deber tener un hogar. No hay manera de arreglar a la sociedad si primero no peleamos el sistema que la creo.

¡Ahora es nuestro tiempo!

– Traducción de Silvia Heredia


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