“Lo hago para asegurarme”

¿Qué les sucede a los estudiantes que siempre han estado desprotegidos? Creemos que esta historia de un estudiante de la Universidad de Stony Brook, cuyas circunstancias le obligaron a proteger a otros, mientras que él mismo permanece desprotegido, lo dice todo. Te invitamos a unirte a un movimiento de estudiantes que escriben para nuestro tiempo. Para más información, haga clic aquí.

Mis pasos vibran contra los pisos huecos del proyecto de vivienda mientras camino lentamente por sus pasillos tenuemente iluminados. Detrás de la máscara quirúrgica apretada alrededor de mi cabeza, mi aliento es caliente y rápido, y el malestar surge en mi estómago como la bilis; me la paso. Sigo caminando paso a paso. Es tan silencioso todo, lo único que puedo escuchar es el sonido del aerosol del desinfectante que se está esparciendo por todo el edificio, y el material del traje Tyvek yendo y viniendo entre mis piernas. A medida que aumenta mi ansiedad, todo en mi mente comienza a cerrarse, formulando cada pensamiento posible, ideas que surgen al ritmo de mis pasos. El sonido de arcadas secas resuena por los pasillos, llenándolos como una nube de humo.

Mi labio superior comienza a sudar y puedo sentir mi respiración cada vez más rápida con cada momento que pasa. La idea de cómo he sacrificado tanto para alcanzar mi último semestre en la universidad. Los innumerables días en los que me despertaba a las 7 de la mañana para prepararme para la universidad que estaba a una hora en auto. Tener que permanecer en el campus hasta las 4 de la tarde la mayoría de los días y luego tener que apresurarme y ver que mis jefes se molestaban porque constantemente llegaba 10 minutos tarde a mi trabajo de camarero, entendía su enojo, pero aún así me incomodaba. Las innumerables noches de insomnio que adquirí para hacer todo el trabajo posible. Todas las veces que rompí en llanto después del trabajo porque todavía me quedaban toneladas de trabajo escolar. Todas las veces que mi madre llegaba a casa cansada de sus largos días de 12 horas. Las innumerables veces en que todo parecía demasiado. Todo culminando con este semestre final, el semestre en el que pensé que mi madre finalmente vería a su primer graduado universitario cruzar el escenario para aceptar su título. Me duele pensar que una imagen de graduación universitaria significaría todo para ella, pero incluso ese tipo de simplicidad nos ha sido quitada.

Supongo que es una mezcla de la claustrofobia de esta máscara quirúrgica, el traje Tyvek y los pasillos estrechos que parecen tragarme por completo, casi como si estuviera caminando hacia un abismo desconocido. Y a pesar de que parece que no hay luz al final del túnel, lentamente veo un ligero destello de luz brillando a través de una grieta en la puerta al final del pasillo. No me acerco demasiado –la norma social se ha convertido en “6 pies de distancia”. Desde la puerta, todo lo que puedo ver es una anciana frágil, luchando por pararse sobre su bastón, pero aún con la fuerza suficiente para gritar de entusiasmo: “Gracias por mantenernos a salvo, cariño”.

“Es un placer”, respondo, mientras simultáneamente sonrío bajo mi máscara N95, sin recordar que ella no puede ver mis expresiones faciales. Pero solo eso me es suficiente para volver en mí y recordar que soy uno de los afortunados.

Me ha tocado una mano en la que tengo que aprovechar al máximo mi tiempo, incluso si eso significa agotarme demasiado. Tengo que trabajar tanto como pueda para asegurarme de que puedo pagar mis pagos mensuales de la escuela, el automóvil, la comida, el seguro, el abogado y al mismo tiempo obtener las mejores calificaciones posibles. Por mucho que parezca que las paredes se están cerrando cuando no tengo tiempo para hacer todo, lo hago para que las futuras madres no tengan que preocuparse de dónde obtener su próxima comida después de ser despedidas sin previo aviso de su trabajo de limpieza o fábrica porque son “solo otra trabajadora inmigrante más que se puede conseguir en la tienda de la esquina”. Lo hago para que las generaciones futuras no tengan que mirar constantemente sobre sus hombros y preocuparse, “¿Seré el próximo?”

Lo hago para que los hijos de padres inmigrantes no tengan que volver a casa sintiéndose como cachorros perdidos, preguntándose si sus padres se fueron o se los llevaron. Lo hago para que los futuros padres no tengan que trabajar dos o tres trabajos para asegurarse de que puedan sobrevivir. Lo hago para que las generaciones futuras no tengan que sorprenderse repentinamente cuando todos sus amigos pueden solicitar becas y préstamos de ayuda financiera, mientras ellos se quedan atascados, denegados de izquierda a derecha porque no encajan en la caracterización de “residente legal”. Lo hago para asegurarme de que las generaciones futuras no tengan que atravesar los mismos obstáculos que los inmigrantes actuales.

Mientras continúo desde el piso 25 hacia abajo, por las escaleras de escape de incendios, rociando todos los botones de elevador, las barandas y los pomos de las puertas en el camino, empiezo a sudar lentamente más y más por el calor que se ha generado paulatinamente al correr por varios tramos de escaleras y la succión de este traje Tyvek que impide que mi piel respire. Este sentimiento me recuerda la brutalidad de la práctica de la lucha libre. Cómo corríamos por los pasillos de la escuela, subiendo y bajando escaleras, corriendo de un lado a otro; y todo esto hecho únicamente como calentamiento. Y luego seguía la preparación para la práctica de la lucha real, que era un rollo completamente diferente. La cantidad de sangre, sudor y lágrimas derramadas en esa sala de lucha solo puede compararse con las pruebas y tribulaciones de la vida. Como diría mi entrenador: “Una vez que has luchado, todo lo demás en la vida se vuelve fácil”.

Pero, ¿qué se yo? Ni siquiera he llegado a una cuarta parte de mi vida, aún no he experimentado la verdadera crudeza de la realidad. ¿Ó, lo he experimentado tan joven que ahora ya no me sorprende?

Tenía seis años cuando me dijeron que me iría de vacaciones a los Estados Unidos, enviándome con mi hermano mayor y mi abuela por parte de mi madre: mi padre y mis abuelos me abrazaban con fuerza, con las mismas que intentaban contener sus lágrimas, pero yo podía ver sus ojos llorosos, brillando como las estrellas en una noche despejada mientras yo yacía en una hamaca en mi playa favorita, La Costa del Sol. ¡Ay!, la forma en que podía ver los acantilados rocosos en un extremo y las hermosas palmeras en el otro, y todos los increíbles restaurantes en la playa en el medio, viendo la hermosa puesta de sol mientras sostenía a mi abuelo y el caballo que montábamos pateaba suavemente el agua salada del océano al aire. No me daba cuenta en este momento de que esa sería la última vez que sentiría su toque físico. Cuando subí al avión, mirando hacia atrás, me despedí gritando: “¡Hasta luego!”. ¡Oh, qué ingenuidad!

La misma ingenuidad que tuve al asumir que la vida no podía rotar 180 grados de repente, al suponer que el potencial natural de los acontecimientos inesperados no sucedería en mi vida, suponiendo que simplemente continuaría teniendo mi trabajo de camarero y me graduaría en el verano. Debería haberlo sabido, considerando mi situación. Esta pandemia ha logrado poner de rodillas a toda nuestra economía, y millones de personas han sido despedidas de sus trabajos debido a ello, inclusive yo –pero ahora tengo que caminar por cada uno de los pisos y desinfectar los complejos de viviendas públicas.

Con cada paso que doy solo cuento mis bendiciones, cómo de alguna manera he logrado encontrar un trabajo en un momento en que la mayoría de los trabajadores no esenciales están siendo despedidos. Contando mis bendiciones de que no soy una de las personas que veo que se llevan de este lugar en una ambulancia. A medida que avanzo, con cada piso, me aseguro de que mis guantes no se rasguen y de no tocarme la cara, pero es muy difícil al tener el sudor goteando constantemente por mi frente. Tratando de proceder de manera segura, cuanto más rápido termine un edificio, más rápido puedo continuar con el siguiente y así sucesivamente. Mi objetivo es trabajar constantemente de la manera más eficiente permitida para poder volver a casa lo antes posible y asegurarme de que puedo comenzar a hacer mi trabajo escolar. Porque, ¡ay, estos cambios al aprendizaje en línea y las clases de Zoom, son tan diferentes! Como si las clases regulares no fueran ya lo suficientemente difíciles, ahora estamos esencialmente obligados a aprender por nosotros mismos. No solo me quitaron la oportunidad de caminar en mi graduación, sino también la oportunidad de aprender en las clases correctamente. Cosas tan simples que siempre damos por sentado. Ser forzado a auto-disciplinarme, equilibrando un horario de trabajo completamente nuevo y clases en línea que nunca debieron darse en línea.

Todos estos giros y vueltas junto con la ansiedad añadida por el hecho de que no estoy seguro de cómo se desarrollarán las cosas en mi situación. No estoy seguro de cómo esto afectará mi estatus. La idea de “si no encuentro un trabajo” constantemente aparece en mi mente. Más que nunca dependo de este diplomado, esta situación me ha mostrado lo fácil que es perder un trabajo que no es seguro. ¡Oh, qué fácil es que todo comience a desmoronarse!

– Traducción de Belinda Castiblanco


Warning: A non-numeric value encountered in /home/longisl2/public_html/wp-content/themes/Newspaper/includes/wp_booster/td_block.php on line 326

1 Comentario

Dejar respuesta