¿Cómo le explico…?

(Painting/"How Do I Explain...?"/Gwynne Duncan)

¿Cómo le explico…?

Diez días antes empezó el enfrentamiento de la vida, la realidad de las cosas y el tener que dejar todo atrás. Mediante pasaban los días, sentía felicidad y a la misma vez mucha tristeza. Día tras día me despedía de mi familia, amigos y amigas. Eso no fue nada fácil. Así pasaron las horas y los días.

El día 13 de julio fue el día de irme de mi hermosa Venezuela, mi querido país. Mi mamá, junto con mi familia, me hizo un almuerzo, el cual recuerdo mucho. Todos nos sentamos a comer y al mismo tiempo platicamos. Al pasar algunas horas, mi familia me partió una torta de zanahoria con canela, que por cierto estaba muy deliciosa.

Se hicieron las cuatro de la tarde, había llegado la hora de partida. Me fui despidiendo de mi familia y vecinos de casa. Mi corazón sentía que se partía en mil pedacitos, como cuando un cristal se rompe.

Nos montamos en el carro de mi tío mi tía y primo, abuela, hermosa mamá y yo. Mediante el camino miraba por la ventana y mis lágrimas bajaban por mi rostro. Veía todos los lugares de donde vivía, esos árboles, flores, centros comerciales, casas. Solo de verlos y recordar todo lo que ví me preguntaba, ¿cuándo volveré a ver todo aquello que fue parte de mi vida y de mi día a día?

Tuve una larga y triste conversación en mi mente: ¿qué pasará con mi vida? ¿Cómo será los Estados Unidos y la vida que tendrá para mí?

Suena el teléfono. Es mi mejor amiga, mi hermana en pocas palabras. Me dijo,

—Iré a verte con tu madrina, tu ahijado y mi abuela porque nos queremos despedir de ti en el aeropuerto.

Cuando llegamos al aeropuerto, bajé mis maletas, fuimos a registrarme y vimos un parque, donde fui con mi primo y tío. Justo nomas nos tomamos fotos, luego fuimos a donde estaban los demás.

Al pasar las horas, llegó el tiempo de irme. Sentía que el alma se me iba. De pronto dijeron,

—Por favor, abordar…

Yo me fui despidiendo de mi abuela, tío y tía. Mi primito de tan sólo dos años de edad, me decía,

—Vámonos, Mairita.

Eso me partió el corazón porque yo no lo podía llevar conmigo, solo en mi mente. Pensaba, ¿cómo le explico a un niño de tan pequeña edad que no puede venir conmigo? Él seguía atado a mi pierna, queriendo irse conmigo.

Mi abuela lo tomó y lo alejó de mí, pero él no paraba de llorar y decir,

—Vámonos en el avión.

Mi corazón decía, quédate, no te vayas, dejas cosas importantes y vidas importantes.

Solo faltaba despedirme de mi bella mamá. La abracé con mucha fuerza sin soltarla y le dije,

—Adiós, mamá. Cuídate mucho. Gracias por todo. No olvides que te amo.

Mi madre estaba muy desesperada, ella no podía parar de llorar. Mi madre me miró a los ojos y me dijo,


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