Esperanza

(Painting/"Hope"/Gwynne Duncan)

“Tanto dolor me ha hecho más fuerte”, escribe una estudiante de Westbury High School, mientras desentraña la historia del arresto y la deportación de su padre y la valiente decisión de sus padres de permanecer separados para dar a sus hijos una vida mejor. Esta es una historia de transición a la madurez que hablará a muchas personas que luchan por encontrar valor y esperanza.

Esperanza

Si alguien me hubiera dicho que mi vida cambiaría o que estaría llena de tristeza, yo no lo hubiera creído. Para mí, todo era perfecto. Aunque mis padres tenían sus discusiones, ellos siempre encontraban soluciones a sus problemas. Ellos eran muy unidos sin importar lo que pasara. Mi familia siempre será todo para mi.

Era abril del 2014, yo acababa de llegar de Ecuador. Cuando entré a mi cuarto vi mi cama pequeña, mi gran osito de peluche rosado en la misma esquina de siempre, la cama de mis padres y la alfombra fea.  Me senté en mi cama. Me sentía bien de estar en casa nuevamente, pero algo faltaba. Mi padre—él no estaba en casa para recibirme. Le pregunté a mi madre a dónde estaba mi papá, entonces vi una lagrima rodar muy lentamente por su mejilla. Ella siguió llorando mientras yo le secaba las lagrimas. Sabía que algo estaba mal.  Primero, ella trató de negarlo. Yo sabía que ella no quería preocuparme, pero de todas maneras me preocupé.

Cuando mi mamá finalmente decidió decirme la verdad, yo no supe como reaccionar. Yo estaba confundida y asustada. Muchos pensamientos cruzaron por mi cabeza. Sus palabras se repetían constantemente en mi mente. “Está en la cárcel, pero no por mucho tiempo” me dijo. Las únicas palabras que pudieron salir de mi boca fueron “¿qué hizo?”.  Yo no quería oír nada malo; estaba aterrorizada.  Ella me explicó todo y me sentí más aliviada. Él se encontró en el lugar equivocado a la hora equivocada.

Aquel día, sentí que todo colapsó adentro de mi. Ni siquiera me pude despedir, él ya no estaba más conmigo. Mi madre me decía que todo estaría bien, pero no era así. Yo ya no me sentía bien en la casa, en la escuela o en ninguna parte.

Los meses pasaron y mi padre todavía estaba encerrado. Yo lo iba a visitar a ese lugar, pero no lograba decir ninguna palabra. Ni siquiera lo podía abrazar porque no era permitido. Mi mamá esperaba que él saliera y regresara con nosotros. Ella hizo todo lo que pudo para que no estuviéramos separados. Se desperdició mucho dinero en abogados que no hicieron nada por él.

Un año después mi padre fue deportado a su país. Mi mamá solo me tenía a mí y a mi hermano. Ella se quedó con la responsabilidad de cuidar de nosotros. En ocasiones, yo pretendía estar dormida para poder escuchar sus conversaciones. Siempre escuchaba a mi madre llorar, decirle a mi papá que todos nos iríamos pronto. Él le respondía que no había nada para nosotros en Ecuador. No había trabajos para ellos y él no iba a poder mantenernos a mi hermano y a mí. Yo sabía que mi mamá no quería oír eso. Yo me quedaba quieta y trataba de no abrir mis ojos. Seguía escuchando. Él continuaba dando sus razones de por qué teníamos que quedarnos aquí en Nueva York. A mi papá le importaba que tuviéramos una buena educación. Él siempre me animaba a leer libros, a estudiar y obtener buenas calificaciones. Adivino que fue así como él convenció a mi mamá, diciéndole que necesitábamos una buena educación, pero él también decía que un día estaríamos juntos como familia otra ves. Sigo esperando por ese día.

Al pasar los años, se hacía más difícil hablar con mi papá. Yo sabía, por el tono de su voz, que él estaba triste cuando me hablaba. Siempre era la misma conversación. Empezaba con “Hola mija, ¿cómo estás?” y yo mentía y le contestaba, “Estoy bien”. Estábamos tan lejos el uno del otro y eso me dolía mucho, pero no era la única cosa que me dolía. Mi mamá y yo también nos habíamos distanciado. Ella trabajaba largas horas y me dejaba en la guardería que estaba en frente de mi casa. Yo no podía hablar con nadie. Sentía un vacío muy grande dentro de mi.

A medida que crecía, sentía que tenía que recordarle a mi hermano sobre mi papá. Él nunca le dirigía una palabra a mi padre , probablemente porque mi hermano sentía que estaba hablando con un completo extraño. Yo le mostraba muchas fotografías de nuestro padre. Mi papá siempre llevaba su cámara con él; pensaba que cada momento debía ser capturado. La foto que me gusta más es la que nos incluye a mi hermano y a mí. Incluso recuerdo ese bonito día de verano. Estábamos todos en la estación de tren de camino a un desfile. Yo llevaba un vestido a rayas con muchos colores y mi cabello estaba atado en una cola de caballo. A mi lado estaba mi hermano y, a su derecha, estaba una persona de pelo negro liso, piel oscura y de ojos muy pequeños sosteniendo su mano, mi padre. Sentía que me estaba ahogando por dentro cuando escuchaba a mi hermano decir “No lo recuerdo”.

Aunque yo lloraba, la mayoría de las veces tenía las mismas esperanzas que mi madre. Un día lo veremos, solía decirme a mí misma. Mi madre es la persona más fuerte que he conocido porque después de todo lo que ha pasado, siempre ha estado aquí para ayudarnos sin importar nada. Había momentos en que yo lloraba por mi papá cuando no podía dormir, pero mi mamá siempre estaba allí para hacerme sentir mejor, aunque estuviera cansada. Ella me ha dado todo lo que he necesitado durante los últimos cuatro años. Incluso en sus peores momentos, ella se preocupa por nosotros antes que de ella misma. La admiro por ser fuerte y nunca rendirse. Ella es muy trabajadora y la mejor madre que podría tener. Cada deseo de cumpleaños que hago es verlo de nuevo, o que estemos juntos como una familia, como antes.

El 1 de julio del 2018 tuve la oportunidad de verlo de nuevo. Ver su rostro después de tanto tiempo y poder abrazarlo, me hizo sentir muy bien, segura. Agradezco a Dios que mi hermano y yo tuvimos la oportunidad de verlo y pasar tiempo juntos. Me alegré de que mi hermano finalmente viera quién era su padre. Antes, me asustaba pensar que nunca tendría la oportunidad de verlo de nuevo. Cuando escucho a mis padres hablar, siempre dicen lo mismo: “Ojalá algún día volvamos a estar juntos”.

Tanto dolor me ha hecho más fuerte y todavía tengo esperanza de que llegue ese día. Un día en el futuro estaremos todos juntos. Quiero que mis padres estén orgullosos de mí. Quiero que mi madre vea que valía la pena quedarse aquí para que mi hermano y yo podamos tener éxito en algún momento de nuestras vidas.

Traducido por Belinda Castiblanco y Natalia Chamorro

 


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