No quiso matarme

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(Painting/He Didn't Want to Kill Me/Gwynne Duncan)

Cada año en Central Islip High School, un pequeño grupo de estudiantes voluntarios se reúnen fuera de su salón de ENL (inglés) para escribir sus historias de tal manera que permite que otros caminen en sus pasos. En un momento en que hay tanto miedo alrededor de la violencia de pandillas, esta historia de escapar una pandilla es particularmente importante, al presentar lo que le pasa a tantos que son forzados a tomar viajes peligrosos, intentando de confiar en la bondad humana y en la suerte a cada paso del camino.

No quiso matarme

Mi nombre es ===========. Todo comenzó en un lugar de El Salvador llamado San Jorge, San Miguel. Al principio, todo parecía que estaría bien; todo era una vida de color, principalmente porque tenía a mis dos abuelos conmigo. Lastimosamente, el día 20 de diciembre del 2014 pasó algo que muchos quisiéramos que no pasara… mi abuelo falleció. Él era más que mi abuelo, fue mi padre; él y mi abuela fueron quienes me sacaron adelante.

Meses más tarde, después de la partida de mi abuelo, solamente tenía los recuerdos de cuando él me aconsejaba y también me daba mis regaños. Hubo un tiempo de mucha tristeza, pero algo me decía que todo estaría bien. Tal vez no todo, ya que solamente tenía a mi abuelita conmigo. Era con ella con quien compartía mis buenos y malos momentos.

Tiempo después, un día común y corriente, mi abuela me mandó a hacer una compra al mercado, ya que yo era el único nieto que tenía. Ese día lo recuerdo como si hubiese sido ayer; no fue un buen día ya que me pasó algo muy, muy malo, algo que nunca me imaginaría podría pasarme.

Fue un viernes, 13 de febrero del 2015. Todo parecía estar bien en el momento que me dirigía al mercado a hacer las compras para mi abuela. De repente, en un lugar solo, a una cuadra de donde yo vivía, me llamó un muchacho. En ese entonces yo pensé que él necesitaba algo; no era así. Cinco minutos después de una pequeña conversación, ese muchacho me dijo algo que aún está en mi mente. Me dijo que a él lo habían mandado para hacer el trabajo de matarme.

De repente metió su mano en el bolsillo y sacó un arma. Me apuntó a la frente y me dijo que él no quería matarme. Yo muy triste y nervioso le pregunté ¿por qué lo hacía? Él me contestó que lo hacía por órdenes de su jefe, ya que él pertenecía a una pandilla. Yo le pregunté por qué me tenía que hacer eso a mí y él contestó:

–Porque tú no quieres formar parte de nuestra pandilla.

En ese momento solamente le contesté que estaba bien. Con lágrimas en mis ojos lo miré por última vez y le dije:

–Que Dios te bendiga.

De repente miré que él ya no me apuntaba con el arma.

–Yo no lo voy hacer, – me dijo –te voy a perdonar la vida.

Yo sorprendido, pensé que quizás lo estaba diciendo de bromas; pero no era así, él estaba hablando en serio. Me dio la mano y dijo:

–Te daré quince días para que te salgas del país, le diré a mi jefe que ya hice lo que tenía que hacer.

Le pregunté por qué lo hacía y dijo que lo hacía porque no quería matar a nadie.

***

Siguiendo mi historia, un día lunes por la tarde, escuché sonar el teléfono celular de mi casa; mi abuela contestó la llamada. Pasaron unos 10 a 15 minutos que mi abuela estuvo hablando por teléfono, cuando me llamó:

–Hijo, ven, quieren hablar contigo.

En ese momento yo le pregunté a ella quién era y me dijo que era una de mis dos tías que están aquí en este país. Al momento yo no sabía de qué quería hablar conmigo hasta que me dijo:

–Juan, ¿te quieres venir para los Estados Unidos?

Al final sí decidí venirme a este país y en el transcurso del camino hacía aquí todo fue sólo sufrimiento. Ustedes dirán, ¿sufrimiento, por qué? El motivo es que camino aquí pasé mucha hambre, frío, enfermedades, tristeza, y los peores problemas. Pasé una semana completa sin comer nada, ni un pedazo de pan. Al mismo tiempo, aguanté frío en un campo obscuro y muy feo de México. Una noche, llegué al Distrito Federal en México y tres días después de pasar el D.F. llegué a un lugar cerca de la frontera México-U.S.A.

La persona que me traía dijo que iba a ser muy difícil cruzar la frontera. En ese momento, solamente me acordé de lo que mi abuela me dijo el día que salí de El Salvador, aún lo tengo en mi mente:

–Hijo, si tienes miedo al cruzar la frontera, solamente pídele a Dios que te dé fuerzas.

Y eso fue lo que hice en ese momento de miedo al pasar a otro lugar. Tres días después, llegaría el día en que por fin cruzaríamos, fue por la noche; ese día jamás lo olvidaré.

Íbamos camino a la frontera cuando de repente escuchamos un auto de la patrulla fronteriza de México. También habían motocicletas, incluso un helicóptero los apoyaba desde los cielos. Los patrulleros nos persiguieron; yo me tuve que subir a un árbol para que no me agarraran. Mis compañeros del viaje corrieron por diferentes lugares para esconderse y no ser capturados.

Pasé aproximadamente dos horas y media en el árbol donde me había escondido. En ese momento solamente pensaba que me iban a capturar y que no cumpliría mi sueño. Poco más tarde, dos agentes de inmigración pasaron por el árbol donde yo estaba, estaban buscándonos. Bien recuerdo que uno de los agentes sacó una linterna y alumbró exactamente al lugar donde yo estaba: me encontraron y me vieron muy nervioso.

El agente me preguntó por qué me escondía. Triste y desconsolado contesté:

–Me escondía para que no me encontraran o me agarraran y me deportaran.

El señor agente respondió:

–Hijo, no tengas miedo; baja, no te haremos nada.

Tristemente bajé del árbol:

–Está bien, ¿qué me harán?

–Te dejaremos ir.

Yo, sorprendido, dije en mi mente, ¡Gracias, Dios, por poner personas tan buenas en mi camino! Muy agradecido le dije a los agentes:

–Gracias por su ayuda.

–Véte y haz de ti un buen futuro y ayuda a tu familia.

Les di las gracias nuevamente.

Gracias a Dios, que es tan bueno, me permitió llegar a este lugar y poder cumplir mi sueño de estar en este país. Hoy en día, sigo agradecido con cada una de las personas que fueron buenas y malas conmigo. Mis tías, que me apoyaron para estar aquí, mi abuela, mis amigos y las personas que venían conmigo.

Esto fue todo lo que tenía que compartir. Doy gracias al personal que me permitió contar mi historia y a las demás personas también, gracias. Es un placer escribir para los demás.


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