Para mí el mundo se detuvo

(Painting/"For Me The World Stopped"/Gwynne Duncan)

Cuando tenía siete años yo era una niña muy alegre y risueña, me gustaba jugar mucho, sobre todo cuando llegaban a mi casa mis dos primos que eran mayores que yo. Un día, me acuerdo que era verano, la brisa estaba fresca y se escuchaban las olas del mar reventar en la orilla. Uno de mis primos vino a visitarme, él se llamaba Bladimir, tenía 16 años. Nos pusimos a jugar y a reír sin parar. Me gustaba jugar con él porque lo quería como el hermano que nunca tuve y lo admiraba.

Un mes después de esta visita, el 27 de enero del 2010, mi mamá recibió una llamada. Nosotras estábamos comiendo almuerzo y en ese instante mi mamá contestó y su cara se puso seria, sus ojos estaban con lágrimas. Yo solo miraba atenta y asustada. Yo solo me imaginaba que no era algo malo. Cuando mi mamá terminó la llamada, empezó a llorar con todas sus fuerzas, y yo también empecé a llorar de verla decaída y sufriendo. Le pregunté, ¿qué pasaba? ¿por qué lloraba? ¿qué era lo que sucedía?

Ella no podía hablar porque las lágrimas no la dejaban. Pasó como una media hora hasta que mi mamá pudo decirme algo:

– Mataron a Bladimir.

Cuando escuché eso, para mí el mundo se detuvo y quedé paralizada de solo haber escuchado lo que mi mamá me dijo. Empecé a llorar más y más y gritaba ¡¿por qué había sucedido esto?! Quería que todo fuera una mentira, que todo fuera una pesadilla y deseaba despertar de ella. Le dije a mi mamá si era una mentira y ella respondió:

–No, mi amor, todo es real.

Cuando escuché eso llore más que antes porque no podía creerlo. Pasó un rato y me tranquilicé, pero estaba pensando en todo lo que habíamos pasado juntos: cuando jugábamos nos reíamos, las historias que él me contaba. Estaba ida, me encontraba en un mundo donde nada de esa tragedia había sucedido. Estaba en el pasado, que yo quería que fuera mi presente.

Pasó un rato y mi mamá me dijo,

–Alístate, cámbiate de ropa y zapatos.

Yo lo hice y salimos a esperar el bus. Cuando ya nos subimos al bus, me senté al lado de la ventana, puse mi cabeza en la ventana y solo me quedé viendo los árboles pasando. Yo iba pensando que nada de esto había pasado. Escuchaba a mi mamá hablándome pero no le presté atención. Y entonces sentí que alguien me había agarrado mi mano. Volteé a ver y era mi mamá que me decía que ya nos teníamos que bajar del bus.

Tomamos otro bus y luego llegamos a Conchagua, donde mi abuela, porque ella iba a hacer la velación de mi primo. Entré a su casa y vi un ataúd en el centro. Volteé mi mirada y vi a mi abuela, a mi tía, la mamá de mi primo, y a mi mamá acercándose a ellas. Todas lloraban y yo también.

Quise ver a mi primo pero no me dejaron porque él no estaba vestido aún y me dijeron que me saliera porque la funeraria procedería a curar el cuerpo y a vestirlo. Me salí y me senté. Vi a mis otros primos que se acercaron a mí. Empecé a llorar más y más. Ellos también estaban llorando y trataban de calmarme. Luego, escuché las campanas de la iglesia sonar, anunciando que alguien había muerto.

No había pasado muchos minutos cuando la gente empezó a llegar y a preguntar ¿qué pasaba? Les dijeron:

–Mataron al nieto de Victoria, Bladimir.

La gente empezó a argumentar y a hablar acerca de lo que les dijeron. Ellos decían que ¿por qué lo habían matado? Si él era un buen muchacho que no le hacía nada a nadie. Yo en cambio, solo escuchaba y analizaba, pero nunca llegué a una conclusión. Lo que hice fue sentarme y observar la ciudad rodeada por el mar, con aves en el cielo y bellas nubes que cruzaban.

Mi abuela vive en una zona alta de Conchagua rodeada de árboles. Me gustaba ir muy seguido donde ella porque en ese lugar encontraba paz y tranquilidad. Pero ese día solo encontré tristeza, dolor y mala vibra. Me sentía muy ausente de la vida en ese momento, me sentía muy triste y mal, estaba destrozada por todo lo que estaba pasando. Unas horas después ya había llegado mucha gente. Entré a la casa y por fin pude ver a mi primo.

Lo vi atentamente, con lágrimas en mis ojos, vi que su rostro era diferente al que conocía. Me alejé y me acerqué a mi mamá y le pregunté:

–Mamá, ¿cómo murió mi primo?

Ella solo me miró con una gran tristeza en sus ojos.

–Le dieron muchos balazos y lo golpearon muchas veces con bates– me dijo entre lágrimas.

Yo solo vi hacia abajo y me fui. Afuera estaban repartiendo café y pan para todos. Yo agarré porque no había comido nada desde la mañana. Me senté y vi como la gente platicaba y mis tías lloraban bajo mientras ayudaban a las demás personas a repartir.

El cielo estaba lindo pero el aire se sentía pesado. Esa noche duró una eternidad para mí. A la mañana siguiente me desperté con los ojos hinchado de tanto llorar. Comí desayuno y me fui a bañar y a cambiarme de ropa porque en la tarde iba a ser el entierro.

Todo fue rápido. Ya íbamos a llegar al cementerio cuando vimos algo sospechoso: nos iban siguiendo unos hombres extraños, pero no le pusimos mucha atención porque había mucha gente. Entramos al cementerio y nos dirigimos donde sería el sepultado. Le dimos el último adiós y nos fuimos. A la salida esos hombres aún estaban ahí, nos estaban vigilando, más a mi tía, la mamá de mi primo que acabábamos de sepultar.


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