Yo era una Soñadora por Marcela Contreras

Yo era una Soñadora

Por Marcela Contreras

 

Tenía quince años cuando decidí que yo sabía lo que significaba tener confianza. Esto debía considerarse revolucionario para mí porque mis padres me criaron con la estricta creencia que no podía confiar en nadie más en este mundo.

Pero yo pensé que sabía mejor que ellos.

A los quince años pensé que la confianza era contarle a mi mejor amiga sobre el chico con la sonrisa linda que me gustaba. Pensé que la confianza era las caminatas sin rumbo por la ciudad o cuando nos quedábamos en el parque en la esquina de su casa una hora más tarde de lo que nuestras madres nos dijeron que podíamos. “Charlotte” y yo nos quedamos despiertas hasta las 2 de la madrugada en nuestra fiesta de pijamas hablando sobre cómo su padre la dejó y cómo ella pensaba que podría extrañarlo, pero no estaba segura.

Todo esto me señaló a la idea que, en todos mis años de amistades, encontré a alguien en quien podía confiar y que me aceptada por quien yo era.

Una Soñadora.

Y no, no me refiero al tipo de soñadora que mira el mundo y ve la posibilidad de fuerzas buenas, y de amor y vida. Aunque esa canción de John Lennon sobre soñadores es encantadora, la vida me ha enseñado a no perderme en mi imaginación de un mundo mejor.

Yo era una Soñadora.

El tipo de Soñadora traída a este país antes de saber cómo encadenar una oración sin poner “w” en palabras que originalmente no las tenían. Mi padre se vino a este país, primero, para establecer el comienzo de una nueva vida, pero once meses fueron suficientes para que yo, una niña de dos años, olvidara quién era o que inclusive existía. Este fue un tiempo antes de cosas como Skype y Facetime.

Nos llaman “Soñadores” porque nuestros padres nos trajeron con grandes esperanzas para el futuro que construirían para nosotros. Todos nuestros padres estaban huyendo de algo. Desde economías en quiebra hasta gobiernos corruptos, y la violencia y el miedo.

Los míos corrían de una economía destruida por una dictadura autoritaria, con movilidad ascendente limitada, sin clase media y cicatrices mucho más profundas de lo que quieren admitir. Se enamoraron de las mismas historias de las infinitas oportunidades en las que creían un número creciente de 11 millones de inmigrantes, con todo corazón.

El detalle que faltaba en esos cuentos era el hecho de que las oportunidades infinitas solo estaban ahí para aquellos que trabajaban lo suficiente para crearlas. No nos contaron sobre el miedo y las paredes con las que nos toparíamos, rogándonos que arrojáramos la toalla y simplemente nos conformáramos con la vida que habíamos dejado atrás.

Pero seguíamos luchando.

Seguimos luchando

Charlotte me había contado sobre su infancia. Ella me contó sobre su padre ausente y los recuerdos limitados que tenía de él. Charlotte compartió un recuerdo en particular; la vez que corrió delante de su padre en el parque y sus pequeños pies descalzos la arrojaron por la tierra y más allá de los columpios hacia un mundo donde no sabía que las cosas iban a cambiar. Ella confesó que a los quince años todavía soñaba con escapar a un mundo donde sus problemas no existían.

A los quince años, me sentí exactamente igual. Yo también soñé con el “Gran Escape” a un mundo que no existía. Una existencia como la de “Harry Potter” en la que tendríamos varitas mágicas y escobas para volar.

Charlotte y yo asistíamos a una escuela que era infame por no tener fondos. Nos sentábamos en el escritorio, abrigadas con bufandas, gorros y guantes porque teníamos frío, pero nuestra maestra aún pensaba que podíamos aprender trigonometría, a pesar de que nuestras manos se congelaban alrededor de nuestros lápices. “Esto no sucedería en Hogwarts”, decíamos.

Fue la primavera después de eso, mientras que estábamos estudiando para los exámenes para las clases avanzadas, que reuní suficiente coraje para decirle las palabras que ya me había acostumbrado a mantener en la punta de mi lengua.

Estábamos paradas en el vestuario en la clase de gimnasia —el que siempre olía a drogas— y justo cuando estaba a punto de decirle, mi corazón cayó a mi estómago.

-Tengo que decirte algo… -pero me acobarde, -…más tarde, después de la escuela, cuando caminemos a casa.

Pasé el resto del día planeando la conversación en mi cabeza. Es algo por lo que soy conocida: pensar y planificar demasiado. Sin embargo, he aprendido que cuando planificas demasiado, rara la vez funciona.

No estaba segura exactamente cómo le diría a Charlotte, pero lo único que sabía con certeza era que cada vez que intentaba pensar en algo, mi corazón latía con fuerza en mi pecho y un sentimiento abrumador de culpa se arrastraba por mis venas.

Mis padres me dijeron que nunca le podía contar a nadie sobre nuestra situación. Los amigos eran solo temporales y si terminaba con una mala nota ¿entonces qué? Una llamada telefónica a Inmigración es todo lo que se necesitaría para que nuestras vidas terminaran.

El pensamiento desencadenó recuerdos de un segmento de noticias que vi en Univisión cuando tenía ocho o nueve años. ICE había estado haciendo redadas en el sur, lugares como Arizona y Texas. Historias de familias escondidas, acostadas en el piso del baño en sus propias casas durante días, con la esperanza de que los oficiales dejaran de tocar sus puertas. ICE llegaba a las casas de los inmigrantes en medio de la noche y se llevaban a sus hijos en pijama. Yo solo era una niña cuando vi esto, y fue entonces cuando comencé a tener noches de insomnio, agarrando mis ositos de peluche contra mi pecho y rezando para que nadie viniera a tocar nuestra puerta.

Pero no tenía nada de qué preocuparme. Charlotte nunca haría eso. Yo sabía que ella nunca traicionaría mi confianza, y técnicamente nunca lo hizo.

Ese día, me decidí. Le diría a Charlotte todo sobre la vida que mantuve oculta. Los miedos que me mantenían despierta de noche cuando era niña. Y ella lo entendería porque esa era Charlotte. Ella era comprensiva y siempre estaba interesada en aprender sobre las personas y todo sobre sus vidas. Eso fue algo que compartíamos.

La oportunidad se presentó en nuestro camino a casa. Por lo general, caminábamos con un grupo, pero ese día solo éramos Charlotte y yo. En cierto modo, se sentía como el destino.

Caminábamos por el borde elevado de la acera, con los brazos extendidos a los lados para mantener el equilibrio, cuando Charlotte rompió mi silencio demasiado contemplativo.

-Entonces, ¿qué es esta gran cosa que tienes que decirme? -preguntó, con los brazos temblorosos mientras intentaba mantener el equilibrio.

Esa pregunta fue suficientemente aleccionadora como para que me bajara y la agarrara del brazo para bajarla para que ella caminará normalmente a mi lado.

-Tienes que prometer que no se lo dirás a nadie… ­-quise decir con severidad, pero todas las palabras que salieron de mi boca fueron apuradas y unidas. ­-Es un gran secreto y no quiero que me mires de una manera diferente y nunca le he dicho a nadie antes y…

-Está bien, está bien, te entiendo, -Charlotte se rió. -Entonces, ¿qué es? -Un toque de sonrisa todavía se veía en sus labios, como si todo esto fuera un juego y ella esperaba que yo saliera con algo ridículo. No sería algo del otro mundo para nosotras, constantemente jugábamos trucos la una a otra de esa manera. Pero esto no era un juego. No esta vez.

-Soy indocumentada. Las palabras salieron como vómito. Con sabor amargo, me dejaron con náuseas y temblores.

-¿Qué significa eso? -preguntó Charlotte.

Me quedé callada por un momento. Tenía toda una explicación planeada en mi cabeza en caso de que ella no supiera lo que significaba, pero todavía me parecía extraño. ¿Cómo podría no saber lo que significaba? ¿Cómo podría alguien pasar su día sin saber lo que estaba sucediendo bajo sus narices?

-Significa que no tengo papeles -me detuve, ¿es así cómo se diría en inglés? No tengo papeles. ¿“Papeles” tienen el mismo peso en inglés que en español? Intenté nuevamente. -Significa que no puedo salir del país, y si lo hago, no puedo volver.

-¿Entonces eres ilegal? -preguntó ella.

-No, nadie es ilegal… -esto no estaba yendo como pensé que iría, -solo indocumentado -la corregí.

-Es que no lo entiendo, -dijo Charlotte -¿por qué los inmigrantes vienen aquí y se quejan?

Esa misma pregunta me dejó aturdida por años después. Mi boca se secó y mis palmas se empezaron a sudar. Me aclaré la garganta, esperando que fuera lo suficiente para deshacerme del nudo que se estaba formando allí.

-Bueno, -luché por encontrar las palabras correctas para influir la ignorancia de Charlotte. No era su culpa. Si solo supiera lo que nosotros vivíamos cambiaría de opinión. -No podemos tener un seguro de salud o trabajos en los libros. Deberías ver cómo tratan a mi madre en los hospitales, la tratan super mal. No hay jubilación ni ayuda financiera para la universidad, no hay licencias. Conducir al lado de la policía es lo más aterrador…


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11 Comentarios

  1. Su cuento me gustó mucho, la capacidad de su valor y coraje para escribir y leer su historia es increíble, el cuento me enseña que las amistades no siempre son lo que parecen y aunque allá alguien que te quiera detener, tu enfoque en lo que quieres y debes hacer con tu vida siempre es firme.

  2. Su cuento me gustó mucho, la capacidad de su valor y coraje para escribir y leer su historia es increíble, el cuento me enseña que las amistades no siempre son lo que parecen y aunque allá alguien que te quiera detener, tu enfoque en lo que quieres y debes hacer con tu vida siempre es firme.

  3. Muchas veces no existen los verdaderos amigos, lo único que necesitamos es el amor de nuestros padres y otra familia en este país tenemos luchar y seguir adelante a pesar de las adversidades todos los inmigrantes no somos menos que las personas nacidas en este país, todos podemos lograr grandes cosas no importa nuestro lugar de origen

  4. Me encanta el desarrollo de la historia y los ciertos detalles que compartió en la historia me gustó también la forma en que da a entender lo que pasamos los migrantes al venir a este país.

    Me parece que es una chica de mucho coraje por que no es fácil describir la historia de uno mismo así de fácil.

    Felicidades…

  5. What a beautiful story I really liked the way in which she explains her fear and in the end she loses it despite the opinions that people may have about her situation, that is, I liked it very much that she trusted her and broke the fears that stopped her from doing so . It is a story that conveys many emotions and empathy to people who go through the same situation.

  6. Me gusto mucho esta historia porque me sentí identificada cuando te pregunta si tienes papeles para trabajar o estudiar o algo y te dicen que no , se te hace un nudo en la garganta , sigue adelante y muchas felicidades esta gran historia sirve para inspirar a muchos jóvenes indocumentados.

  7. Estuvo muy bonito el cuento. Me causo mucho tristeza porque lo que paso ella con ese miedo y no poder decirlo a la gente, pero ella es muy valiente al contarnos su historia.

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